El viento se va resguardando, enroscándose en ovillos de suspiros de algodón. Arruga y tira del azul oscuro de las mantas. A medida que se acerca la noche sigilosa, la luna se pone el resplandeciente uniforme de marfil. Es su turno de velar por las nubes, que hoy están de luto.
lunes, 14 de enero de 2013
Por la muerte del dia, la noche vela
El viento se va resguardando, enroscándose en ovillos de suspiros de algodón. Arruga y tira del azul oscuro de las mantas. A medida que se acerca la noche sigilosa, la luna se pone el resplandeciente uniforme de marfil. Es su turno de velar por las nubes, que hoy están de luto.
martes, 1 de enero de 2013
Soy es Hoy sin tí.
Hoy estamos condenados a ser libres, a olvidar que ayer fue
un día nublado. Hoy vivo como si no te conociera. Te quiero como si no te
conociera. Y sonrío porque tengo dos chinchetas clavadas sin razón bajo el
ardor de las chapetas.
Hoy no respondo a más preguntas. Cuando dudo, recurro a las
soluciones que guardo en el ombligo.
Hoy no me preocupa.
Hoy no me preocupa.
Hoy no te olvido, porque ya te olvidé ayer. Pero olvidas que
también tú me rozaste, te alejaste y me arañaste. Y te tuve que inventar.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Extraños Recuerdos Recurrentes
Tantas dudas como errores. Tantas vidas como amantes.
Las ganas de llorar ahora tienen ganas de salir volando por la ventana. Al otro lado del cristal sigue impasible tu imagen, desfigurada por la lluvia, con esa sonrisa tuya que nunca pide nada.
Sonrisas aparte, hay algo más que cubre mis noches. Algo que no veo pero percibo como una fuerza de otra galaxia. Lo noto entre los dedos. Es una invisible y fina seda que discurre por las yemas y enciende las llamas. Quizás sea la clave el cosquilleo que baja sin sentido por la espalda. Sólo siento el escalofrío que provocan las palabras que no dicen nada. Palabras cuyo único objetivo es hacer estremecer el papel de fumar que recubre la comisura de la boca.
No te acerques tanto.
Me quemo. Me prenden tus susurros. No me dañan, no es eso. Es que ahora los extraño.
Aparece de nuevo esa mirada, tan sutil, tan cercana, como un fantasma. La misma que ya he visto otras veces en otros ojos. Quizás nunca sepa si son reales mis fantasmas. Pero así los siento.
Las ganas de llorar ahora tienen ganas de salir volando por la ventana. Al otro lado del cristal sigue impasible tu imagen, desfigurada por la lluvia, con esa sonrisa tuya que nunca pide nada.
Sonrisas aparte, hay algo más que cubre mis noches. Algo que no veo pero percibo como una fuerza de otra galaxia. Lo noto entre los dedos. Es una invisible y fina seda que discurre por las yemas y enciende las llamas. Quizás sea la clave el cosquilleo que baja sin sentido por la espalda. Sólo siento el escalofrío que provocan las palabras que no dicen nada. Palabras cuyo único objetivo es hacer estremecer el papel de fumar que recubre la comisura de la boca.
No te acerques tanto.
Me quemo. Me prenden tus susurros. No me dañan, no es eso. Es que ahora los extraño.
Aparece de nuevo esa mirada, tan sutil, tan cercana, como un fantasma. La misma que ya he visto otras veces en otros ojos. Quizás nunca sepa si son reales mis fantasmas. Pero así los siento.
sábado, 10 de noviembre de 2012
Tejiendo despedidas.
En un instante me descuido y enjaulas mi locura. Tanta cordura me vuelve loca si no puedo salir de mí.
Desátame de todas tus neuronas. No quiero fragmentos de mí colgando de alguien.
No me tiendas al sol. Yo me alimento del sol que cae sobre las rocas, como los lagartos.
Olvida que una vez fuimos arañas tejedoras.

Yo tejía mi colchón para no caer sobre el frío pavimento el día de la despedida.
Tú cosías flores para mí.
Ahora yacen deshilachadas.
Y no tienes donde caer, mientras yo desato mis alas y me atrevo con el siguiente precipicio.
Desátame de todas tus neuronas. No quiero fragmentos de mí colgando de alguien.
No me tiendas al sol. Yo me alimento del sol que cae sobre las rocas, como los lagartos.
Olvida que una vez fuimos arañas tejedoras.

Yo tejía mi colchón para no caer sobre el frío pavimento el día de la despedida.
Tú cosías flores para mí.
Ahora yacen deshilachadas.
Y no tienes donde caer, mientras yo desato mis alas y me atrevo con el siguiente precipicio.
lunes, 29 de octubre de 2012
La noche de los gatos.
Volver los ojos y
verte por dentro.
En blanco y negro.
Respirar.
No me hace falta respirar.
Los días vacíos se han llenado de nada y
se han hundido.
Ya nadie los recuerda.
Los eclipsan las luces de los bares, el
humo que desprenden los días raros y eternos.
Los reducimos a momentos y
cenizas, a labios mojados y versos escritos desde el tejado, viéndote pasar.
No creo eso de que no entiendes mi latir. Anda, ven a
hacerme eco un rato, que ya no quedan momentos por abrir ni regalos que puedan
ser despreciados.
Ya no hay ruido en la despensa, ni gatos que miren cómo nos
miramos.
lunes, 15 de octubre de 2012
NADA
Que pasa. Dime. Que pasa cuando vas andando de vuelta y
escuchando el silencio de la calle. Es la noche. Es el miedo. El silencio es el
miedo. Y no se puede hacer nada. Solo escucharlo en silencio. Oyes tus pasos,
algún ladrido y un grillo que se ha salvado de la cigüeña y lo celebra. Y ya no
ves nada. Te guías por el olfato. O el instinto. O quizás son tus pies, que ya
se saben el camino a casa. Aunque no quieras. Hacia allá vas. Y sabes que nadie
te espera. Pero da igual. Sigues andando. Preguntándote cosas que no sabes si
tienen mucho sentido. Quizás solo estés loco. Eres solo un paranoico, de esos
que salen en las noticias el día después de saciar su… su locura. Sí, es
posible. Qué más da. Tú sigues andando. Sabes que cada segundo está planeado. Aunque
no crees en el destino y solo sabrás de
esos planes cuando hayan ocurrido. Entonces pensarás: “¡claro! No podía
ser de otra manera. ¡Qué tontería! ¿Cómo no pude imaginar que pasaría así?” No
tiene ningún sentido. ¿Qué es lo que hace que todo esto ocurra? En el momento preciso.
Qué pasa. ¿Qué pasa?
Nada.
A la mañana siguiente no te acordarás de nada.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Me falta tu ausencia.
Eres eterno y eres fugaz. Eres tan frágil que no me acerco a ti por si te rompo el cristal. Y eres tan fuerte que te alejo de mí para que no quiebres mis alas. No sueltes mi mano si no me dejo querer, que no podría quererte si no crees en mis delirios. Si tú no me crees, dime ¿quién lo hará?
Sé que a veces no comprendes, que a veces mis palabras están donde no tienen que estar y me sobran los silencios.
Quiero que sepas que ésta es mi única forma de querer, pero es también mi manera de matar.
Sé que a veces no comprendes, que a veces mis palabras están donde no tienen que estar y me sobran los silencios.
Quiero que sepas que ésta es mi única forma de querer, pero es también mi manera de matar.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Tiempo muerto
Dame un nombre, dame un sentido para esta nueva vida. Y olvida la antigua, que ya no la quiero.
Dame el candado del cuarto de lo imposible, de ojos sordos, de las noches dormidas. Que solo guardan sus esquinas el monólogo de relojes que ahogan si se les escucha. No se volverá a abrir cuando sumerja la llave en la Tierra, que ahora vivo en la Luna.
Dame un descuido y róbame el tiempo, juega a esconderlo donde no lo oiga retumbar. Ahora solo pueden hacerme temblar tus "toma mis noches" y tus dedos por mi espalda; tu chispa de fuego bajo las pestañas.
Y derrocha mis horas, que ya no las quiero.
sábado, 8 de septiembre de 2012
Te observo.
Acechas. Seguro de que no te veo. Te observo. Acechas. Como un gatito. Tierno. Te crees un tigre. Yo vigilo. Y me divierto. Y te protejo. Que tus uñas no se quiebren en mi cuero. Quiero oírte maullar por un tiempo. Luego te haré ronronear a fuego lento.
viernes, 31 de agosto de 2012
El agua de la rivera.
Cierras los ojos y trotas aun más rápido, pero tranquilo, sereno. Eres la serenidad del río por el que bajas cabalgando. Veo tu reflejo en mis manos, en el cuenco de agua clara que formo con ellas. Aun te siento entre mis dedos. Y entre mis dientes, que muerden tus fantasmas. Y te veo cuando te marchas sin decir nada, sólo un guiño incierto que remueve las aguas y me hace estremecer.
Un día cerrarás los ojos para no verme marchar, pues yo seré la calma del río que se aleja.
Un día cerrarás los ojos para no verme marchar, pues yo seré la calma del río que se aleja.
viernes, 27 de julio de 2012
Ambos lados.
Ambos lados de mi cama son para mí. No cabe más silencio entre las sábanas, pegadas a la piel. No entra más oscuridad en mis pupilas. No hay frío en lluvia, cansada de llover. No hay tiempo en las horas. Los campos por los que trotas se riegan con las ganas de llorar. Y la mala hierba cada vez me agarra más fuerte.
Y entonces oigo cabalgar de nuevo. Y la sangre se encabrita de verte llegar montado en Azabache. Se sueltan las riendas, me pisas los estribos. La mala hierba fue un mal sueño. Solo eso y ahora es nada. Ahora relinchas si me alejo. Ahora que me buscas, me encuentro.
Y entonces oigo cabalgar de nuevo. Y la sangre se encabrita de verte llegar montado en Azabache. Se sueltan las riendas, me pisas los estribos. La mala hierba fue un mal sueño. Solo eso y ahora es nada. Ahora relinchas si me alejo. Ahora que me buscas, me encuentro.
martes, 26 de junio de 2012
La muerte de Leah.
La lucha había sido dura, no tanto por las brutales colisiones a espada de cuyas chispas de ira se alimentaba la oscuridad, sino por la fuerza mental de su contrincante.
Recordó el instante que cambió el destino de la batalla. El momento en que ella no dejó de perder pero aquel guerrero con cabeza de lagarto ocelado y ojos de hielo se dio por vencido.
Tan solo habían transcurrido unos minutos desde aquel momento. Minutos que le parecieron de gloria. Pero miró el cuerpo vacío del demonio y supo que no era una victoria. Él había perdido, ella no había ganado y no habría más oportunidades de vencer.
Cerró los ojos y siguió viendo el mismo penoso escenario. Miró sus manos y eran transparentes, como sus párpados, como todo su ser. El aire ocupaba su lugar y la nada en que se había convertido se esfumó.
Y no habría más oportunidades de vencer.
sábado, 16 de junio de 2012
Fin de curso.
He aprendido tanto de tus silencios, de tus no disfrazados de quizás, de tus escurridizas miradas y múltiples rehuidas de labios que no me importa que esto se acabara. Ya tengo todo lo que quería de ti.
Me han enseñado tanto tus cicatrices, aunque no conozca la caída, que las siento latir sobre mi piel. Como esa que tanto me gustaba, la del hombro. Nunca me quisiste contar como llegó hasta ahí. Mis dedos, con los ojos cerrados, piensan que escalan por tu espalda si rozo mi hombro.
He aprendido tanto de cada fantasma que cruzaba tus pupilas con un guiño para mí que no sé por qué me sigo preguntando si eras real, si eres real.
En cierto modo, me da igual. Ya lo tengo todo de ti.
Me han enseñado tanto tus cicatrices, aunque no conozca la caída, que las siento latir sobre mi piel. Como esa que tanto me gustaba, la del hombro. Nunca me quisiste contar como llegó hasta ahí. Mis dedos, con los ojos cerrados, piensan que escalan por tu espalda si rozo mi hombro.
He aprendido tanto de cada fantasma que cruzaba tus pupilas con un guiño para mí que no sé por qué me sigo preguntando si eras real, si eres real.
En cierto modo, me da igual. Ya lo tengo todo de ti.
sábado, 9 de junio de 2012
Reminiscencia
Hace más de un lustro que no sé de ti. Quiero pensar que me recuerdas, aunque sólo sea por no derrochar todas las veces que me decías que jamás podrías olvidarme. Quiero pensar que al menos queda un resto en tu memoria de aquellos momentos que pasábamos soñando con cambiar el mundo.
No me hace falta preguntarme cómo estarás. Sé que estás mejor que mal, pero que no estás bien, que lloras por las noches y sonríes por el día con las ojeras maquilladas y un parche en los hoyuelos.
Un día desperté y ya no estabas. Y sí, sé que fue culpa mía por no hacerte caso cuando me pedías que no me durmiera, que siguiera despierta a tu lado. Pero bajé la guardia, los párpados cayeron y desperté a años luz y kilómetros hielo de ti.
Ni una mirada de las tuyas puede atravesar tanto frío.
No me hace falta preguntarme cómo estarás. Sé que estás mejor que mal, pero que no estás bien, que lloras por las noches y sonríes por el día con las ojeras maquilladas y un parche en los hoyuelos.
Un día desperté y ya no estabas. Y sí, sé que fue culpa mía por no hacerte caso cuando me pedías que no me durmiera, que siguiera despierta a tu lado. Pero bajé la guardia, los párpados cayeron y desperté a años luz y kilómetros hielo de ti.
Ni una mirada de las tuyas puede atravesar tanto frío.
lunes, 4 de junio de 2012
Ceniza azul.
Cuando te llama la tierra con susurros incesantes que te hacen recordar a cada segundo tu destino. Y el dolor promete que no te dejará solo.
Ya se relamen las llamas, que al quitar su manto de fuego dejan un velo azul ceniza cubriendo tus ojos negros.
Pero joder, ¡qué difíciles las despedidas! cuando puedes contar el tiempo, que mides en parpadeos. Cada vez te cuesta más sostener el punto final del siguiente abrir de ojos.
Y ves la última partícula de arena deslizarse en espiral sobre el cristal del reloj y caer en montones de nada.
Ahora, por fin, ya sabes quien eres tú.
Eres tú esa última partícula de nada que resbala por la mejilla.
miércoles, 16 de mayo de 2012
El rezumar óseo de la vida humana
Si el hipocondrio izquierdo no responde, no confieses que son
forzados los intentos de la sístole por llegar a ser diástole, no pretendas
demostrar que no hay demora en las arterias, no ocultes que no hay suspiros que
puedan suplir el líquido de la ausencia.
Conoces los motivos de la psique que llevan a la sinrazón, conoces el
camino del impulso de los cables que carecen de mielina, el cruce de cordones
en el ojal de las batas de neuronas aturdidas. Se esconden tras
el cabello del caballo que cabalga, cuyos trotes puedo oír en el ritmo sinusal
que retumba entre costillas. Son horas atragantadas en laringes recurrentes, en
el transverso de los colon o en el ciclo circadiano confundido de aquellos que
se niegan a cumplir las leyes del hijo de la madre natural.
Ahora se hace visible el color del calor del choque de la
materia con la antimateria. Es el rojo oscuro, negro-rojo, rojo sangre, sangre
seca que rezuma de la colisión de positrones en el roce de los cuerpos, en el
baile de energía en torno al rasgado, tan temido como inesperado, beso último
de la vida.
El beso centinela de la muerte.
jueves, 10 de mayo de 2012
¿Te quedas un rato?
Te doy horas de sonrisas, agujetas de carrillos. Te perforo
los hoyuelos. Dame tus días. Te los cambio por momentos, que no valen nada para
nadie y lo serán todo para ti. Puedo convertir el tic abrumador del reloj en el
tacto delicado de tu piel sobre las yemas de mis dedos. Sé inventarme cuentos y
narrarlos por escrito en el dorso de tu dorso si me dejas.
Puedo escucharte o desquiciarte.
Puedo amanecer a mil kilómetros de ti si es eso lo que
quieres, si es lo que me pides. Soy el dulce que no amarga. Soy el tiempo que
quieras quedarte antes de despertar.
Y podría encenderte en mil sentimientos más, como el dolor
que no sabrías apagar si te faltase mi aliento.
viernes, 4 de mayo de 2012
Adiós.
Un día te vas buscando otra vida. Y las hojas siguen cayendo a la tierra, muriendo de otoños, y de abriles que ahogan. Y las hojas mueren, pero mueren dando vida a la tierra que dejan. Y hoy te vas. Te dejas caer de nuestros brazos, como aquellas frágiles hojas.
Pero dará vida, cayendo a la tierra, la luz que ya no tiene donde ir si no atraviesa tus transparentes ojos claros. Dejan vida los recuerdos y los abrazos que no pudimos dar y esperan aún que los recibas con los brazos abiertos. Y dan vida a la tierra las lágrimas de los ojos que lloran por ti.
Pero dará vida, cayendo a la tierra, la luz que ya no tiene donde ir si no atraviesa tus transparentes ojos claros. Dejan vida los recuerdos y los abrazos que no pudimos dar y esperan aún que los recibas con los brazos abiertos. Y dan vida a la tierra las lágrimas de los ojos que lloran por ti.
A mi primo, Tato.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Te compro un tal vez.
¿Vendes las persianas de tus ojos? Termino de un trago la
copa de tus rubores ¿me revelas los secretos que escondes en el tejado? Desato
lentamente el cordón de tus costuras ¿Notas las palabras que hormiguean por tu
espalda? Recojo con los dedos las miradas que tiras al suelo y te las devuelvo.
¿Quieres perderte conmigo en la marea encendida? Haré que rompan las olas en
tus huesos y que parezca un accidente.


Llegará la mañana para rescatarte y yo me quedaré esperando
sobre las rocas el siguiente navío decidido a naufragar.
lunes, 23 de abril de 2012
Lunas de Lunes
Hoy la Luna está llena como nunca, repleta de secretos. Se
cubre con el pañuelo negro de las nubes pero nada podrá evitar que me desvele
sus noches. Esta noche se iluminará cuando ella quiera, cuando no soporte más y
estalle en mil pedazos de dulzura. Estallará en fuegos estelares con todo lo
que ha callado durante tanto tiempo y guarda en su bolsillo oculto. Veré la
piel íntima y delicada que no ha sido aun bombardeada por miradas sonámbulas. Y
seré testigo de que aun quedan cosas hermosas por descubrir.
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